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Por la noche tambien hay nubes 2

 Por la noche tambien hay nubes 2 Me despierto. Vaya, primer día en el hospital. Los TACs, electros y analíticas no se hacen esperar. En realidad, no sirven de mucho porque nada detecta nada. —Curioso, ¿eh? —pensé—. Quizá solo fue una bajada de tensión, un mal movimiento. El doctor entra en la habitación. Yo espero un alta rápida, un "todo en orden". ¿Y qué recibo? Unos días ingresado. Qué putada. El médico apunta a que los resultados de las analíticas no son, en el fondo, buenos. —¿Cómo que no, doc? Si todo está bien: azúcar correcto, presión estable, vitaminas a tope. Pero se ve que eso mismo era lo que le preocupaba. Quizá lo que me pasaba no se debía a las defensas ni a las vitaminas, venía de la central, del motor, del tucún-tucún . Del corazón. —No jodas. Por mi mente, los escenarios se creaban a la velocidad de un ordenador potente con buen wifi. ¿Lo había perdido todo? Entrenar es mi vida, entrenar me ha salvado la vida. ¿Ya no puedo correr? ¿Ya no puedo subir montaña...

Por la noche tambien hay nubes

Por la noche tambien hay nubes Supongo que todos llegamos a ese punto en el que el mapa se borra. No sabes quién eres, qué eres, ni qué demonios estás haciendo; ni siquiera si lo que haces está bien. Dicen que es una etapa, que llega con la adolescencia. ¿Hormonas? ¿Estrés? Me da una flojera inmensa buscarlo. Me da flojera pensarlo, me da flojera hasta despegarme de las sábanas. Son unos buenos dieciséis años. Ese "poder adolescente" del que tanto hablan se resume, en mi realidad, en unas notas de mierda, un curso repetido, una duda existencial que no me cabe en el pecho y los típicos líos amorosos de la edad. Y siempre la misma pregunta martillando: ¿Qué estoy haciendo mal? —Supongo que todo —me respondo a solas. Lo que siento y lo que dejo de sentir es un terreno extraño. Hay días en los que odio el mundo entero y otros en los que me muero por abrazarlo. A menudo no sé ni qué etiqueta ponerle a lo que me pasa, no solo con lo que hago, sino con la gente que viene y va, con l...

Marioneta

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Marioneta No sé qué día es. No me preocupa. No me importa... Me he despertado sin alma, con el cuerpo aún atrapado en algún rincón frío del sueño. Demasiado pronto, demasiado cansado. Por mí, me habría quedado inmóvil, fundido con las sábanas, pero a él eso no le interesa... No importa si mis párpados sangran de agotamiento, si mi mente colapsa suplicando silencio, si mis nervios se apagan uno a uno o si mis pies convierten cada paso en hielo y dolor. Da igual. A mí no me gusta esto. Las ideas caen sobre mí como bombas en un campo de batalla abandonado. Algunas disfrazadas de soluciones... otras, auténticos pensamientos de muerte. Pero al final no importa. Por mucho que lo piense... no lo haré. No porque no quiera. Sino porque él no me deja ... ¿Qué sentido tiene intentarlo? Desde hace tiempo no soy dueño de mí mismo. O tal vez... nunca lo fui. Solo que ahora lo sé. Por más que intente arrancar estas cuerdas que me atan, solo logran apretarse más, asfixiarme más. Me fuerzan a mo...

Una reflexión

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                          Una reflexión. Esto considerarlo una especie de reflexión sobre una despedida  que iba dirigida a mi difunto abuelo, a pasado tiempo desde entonces y mis reflexiones han cambiado, recientemente me e involucrado en el estilo de vida estoico, solo pensando y haciendo para los que quiero, el estoicismo me ha abierto los ojos a grandes rasgos y e tenido muchos pensamientos desde entonces. Esto no es solo para mi, tambien es para ti, se como duele que pierdas a un familiar querido y cuesta mucho seguir adelante sin el, pero piensa un momento... Tan solo pido que prestes atención a las tres siguientes reflexiones que me ha dado el estoicismo, a mi me ayudaron y espero que a ti tambien. No recuerdes el mal momento: El pensamiento nos puede dar una mala pasada, obvio nunca hay que olvidarlos, en vez de pensar en ese momento triste del que te enteraste párate a pensar en todo lo que hiciste con esa pe...

Ahi estoy yo

Estás en tu casa, leyendo este artículo, pensando en el día de hoy en el instituto, en la chica o chico que te gusta, en tus amigos, en lo que ha dicho tal profesor… ¿Alguna vez te has planteado qué o quién hace que pienses esas cosas? Pues ahí estoy yo… Complicado describirme, soy algo intangible, etéreo, que está en todos lados y en ninguno en concreto. A lo largo de la historia, muchas culturas han intentado darme nombre. Algunas me llaman “espíritu”, otras “Dios”, “Naturaleza”, “Cosmos”... JAJAJAJAJA ¿por qué intentan ubicarme en algo? ¡SOY TODO!    Estoy en la ventana de tu clase cuando te quedas fijo mirando a la nada. En esos momentos que pierdes la noción del tiempo. El que maneja tu carpeta de recuerdos y hace dibujar una sonrisa recordando algo. El que te hace sentir miedo sin razón aparente… ¿Acaso crees que la sensación de plenitud cuando acabas un trabajo o haces algo que te ha costado mucho viene de la nada? ¡NO!, ahí estoy yo… A mí hay varias maneras de encontra...

Una despedida...

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  Las despedidas son una tortura e de decir y cuando me refiero a despedidas me refiero a cuando un familiar se nos va... En este caso os hablo de un señor de 68 años que se llamaba Manuel o Manolo para sus nietos, tenía a su esposa Joaquína, a sus tres hijas, Míriam, Cristina e Irene. Miriam tenía dos hijos, era la única que tenía, eran 2, Aitor y Saúl, si os preguntáis porque no describo a nadie es para que vosotros os los imagineis. Manuel era una persona maravillosa que había hecho de todo, ayudaba a la gente, apagó un incendio en la fábrica de plástico en la que trabajaba arriesgandose a sí mismo pero no le importo con tal de salvarlos a todos, también había impedido un robo aunque el no sabía que estaban armados, solo que Manuel cometió un error solo un error y eso fue fumar y ese error fue lo que acabo con el, su muerte impactó a todos sobre todos a su nieto Aitor y os preguntareis ¿y que está haciendo Aitor ahora? Pues está escribiendo esta historia. Manuel, Manolo, yayo, a...

Tu mirada...

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Hace po co que ha amanecido, hace fresquete. Después de un fin de semana divertidísimo, por fin solos… La cabaña es pequeña, pero ya estamos solos, tú y yo… Enciendo un cigarro y me tumbo junto a tí, te miro a los ojos, nunca hemos podido aguantar tanto la mirada, jeje Le pego una calada, el humo que sobra se mete en el ojo y tengo que hacer un guiño, pero la magia sigue, tu mirada se cruza con la mía y me hace sentir hormiguillas en el estómago. Llevo mucho tiempo detrás tuyo, nadie se ha dado cuenta porque soy bastante cuidadoso, tanto en las miradas como en los comentarios. Aún así, cuando vamos al polideportivo a hacer educación física, me encanta ver lo bien que te quedan esos pantalones de chándal. Vistes rollo años 90, desenfadada, con una sonrisa en esa cara tan guapa que tienes. Sentí mogollón de celos cuando me enteré que te gustaba Hugo, ¡CON LO FEO QUE ES!, cierto es que es un buen tipo y que es simpático, ¡PERO HUGO!, que llevo con él desde infantil y lo tengo co...